La prueba que hay que hacer primero
Antes de trabajar la velocidad, comprueba que lo que falla es la velocidad. Toca el pasaje a la mitad del tempo y escucha si suena regular: cada nota con el mismo volumen, sin cuerdas que suenen sin querer y sin notas cortadas antes de tiempo.
- Sale limpio a media velocidad
- El problema es de sincronía entre las dos manos o de tensión. Se arregla subiendo el tempo en escalones pequeños y vigilando la mano derecha.
- No sale limpio a media velocidad
- El problema es de digitación. Hay que cambiar la posición o el reparto de dedos, y eso el metrónomo no lo arregla.
- Sale limpio pero se acelera
- El problema es de pulso, no de velocidad. Suele pasar en el tramo fácil que viene justo antes del difícil.
El segundo caso es muy común y suele confundirse con el primero. Cuando la mano tiene que recolocarse en mitad del pasaje porque la digitación te obliga a un salto de posición que se podría evitar, aparece una pausa. Despacio se disimula. Rápido, no cabe. Insistir ahí con el metrónomo solo sirve para fijar un movimiento malo.
Arreglar la digitación antes que el tempo
La tablatura te dice cuerda y traste, pero esa digitación no siempre es la más cómoda para tus manos ni la que mejor enlaza con la frase siguiente. Puedes cambiarla sin ningún problema. Lo que importa son las notas y cómo suenan, no la digitación que eligió quien hizo la transcripción.
- Busca la versión del pasaje que menos mueva la mano por el mástil. Un cambio de posición cuesta tiempo, y a veces se evita pasando dos notas a la cuerda de al lado.
- Reparte los dedos para que ninguno tenga que tocar dos notas seguidas, siempre que haya otra opción que se pueda tocar.
- Aprovecha las cuerdas al aire. Una nota al aire le da a la mano del mástil un momento para colocarse sin cortar la nota anterior.
- Mira también la mano de la púa. Un cambio de cuerda a contramano de la púa te frena, y planificar la dirección del ataque quita ese freno.
Con púa alterna, cada cambio de cuerda cae en un golpe hacia abajo o hacia arriba. En uno de los dos sentidos la púa tiene que saltar por encima de la cuerda de al lado. En el otro se la encuentra de camino. Decide de antemano cuál te toca en cada cambio, apúntalo en la tablatura, y el pasaje sube de velocidad sin horas de repetir a lo loco.
Subir el tempo sin ensuciarlo
Con la digitación resuelta, lo que queda es constancia. Dos reglas: subir el metrónomo de pocas pulsaciones en pocas, y bajarlo en cuanto aparezca un fallo, en vez de insistir a la velocidad donde fallas.
- Encuentra el tempo al que el pasaje sale limpio cinco veces seguidas. Esa es tu velocidad de partida, da igual lo baja que sea.
- Sube el metrónomo un poco. Si el pasaje vuelve a salir limpio cinco veces seguidas, sube otro escalón.
- Si aparece un fallo, vuelve al escalón anterior y asiéntalo. No repitas una y otra vez a la velocidad donde te equivocas.
- Trabaja en ratos cortos. Lo que aprende la mano se fija mientras descansas, no mientras repites.
- Vuelve a unir el pasaje con los compases de antes y de después. La velocidad que ganas en un fragmento suelto se pierde si no practicas el enlace.
Repetir un pasaje a una velocidad a la que fallas entrena el fallo. Tocar limpio a tempos que controlas es lo que te hace avanzar.
Una tablatura que se reproduce sincronizada compás a compás es un buen complemento del metrónomo: además de marcar el pulso, te deja oír exactamente cómo va fraseado el pasaje. Escucharlo despacio aclara la subdivisión del ritmo, que el metrónomo solo marca en abstracto.
La tensión como límite
Hay un límite que las horas de práctica no mueven si sigues tenso. Si aprietas de más contra el diapasón, el dedo tarda más en soltarse, y a velocidad alta ese retraso se convierte en notas que se pisan unas a otras o en cortes que no querías.
Para saber cuánta fuerza hace falta, pisa una nota y ve aflojando poco a poco hasta que la cuerda empiece a cerdear. Justo un poco más de presión que eso es toda la fuerza que necesitas. Con la mano derecha, lo mismo: una púa agarrada con rigidez apaga los armónicos y rebota peor entre cuerdas.
La rigidez se contagia por todo el brazo. Un hombro subido, un codo pegado al cuerpo o una muñeca muy doblada quitan movilidad a los dedos. Si el pasaje se ensucia siempre en el mismo compás y la digitación es buena, mira la postura del brazo entero antes de tocar nada en los dedos.
El tempo por sí solo no dice lo difícil que es una canción. Las del catálogo van desde 64 hasta 210, y lo que de verdad pesa es cuántas notas caben en cada pulso y lo lejos que hay que mover la mano por el mástil.