Qué te dice cada sistema
Las dos escriben la misma música, pero apuntan cosas distintas. La tablatura apunta lo que hace la mano en el mástil. La partitura apunta lo que suena.
| Qué se quiere saber | Tablatura | Partitura |
|---|---|---|
| En qué cuerda y traste va la nota | Sí, es su función | No: hay que deducirlo |
| Qué nota suena | No directamente | Sí, es su función |
| Cuánto dura cada nota | Solo si trae plicas | Sí, siempre |
| Con qué técnica se produce | Sí: h, p, b, PM | Con símbolos añadidos |
| Qué acorde se está tocando | Si lleva la cifra escrita | Hay que analizarlo |
| Sirve para otro instrumento | No | Sí |
La fila que importa es la primera, y es la que explica por qué existe la tablatura. En un piano cada nota está en una tecla y solo en una. En una guitarra el mismo mi puede estar en cinco sitios del mástil, cada uno con un color distinto y con una postura de mano distinta. La partitura deja esa elección abierta. La tablatura la cierra.
Lo que la tablatura hace bien
Se lee desde el primer día. Un número sobre una línea es un traste en una cuerda, y no hace falta haber estudiado antes qué nota es cada punto del pentagrama.
Fija la digitación en los pasajes donde suenan a la vez bajo, armonía y melodía. En la guitarra sola, mantener una voz suele depender de no cambiar la cuerda de otra. Por eso los arreglos de fingerstyle suelen venir en tablatura.
No es un invento moderno. Los libros de laúd y de vihuela del siglo XVI ya usaban tablaturas con líneas y cifras o letras para las cuerdas y las posiciones, y convivían con la notación mensural sobre pauta.
Con afinaciones que no son la estándar, el número de traste sigue diciendo dónde va el dedo. Las 56 canciones publicadas se reparten en 5 afinaciones distintas. En esas, la partitura te obliga a recalcular la posición de cada nota en el mástil, y la tablatura sigue diciendo lo mismo de siempre.
Lo que la tablatura no te dice
Lo que más se echa en falta en las tablaturas de texto plano es el ritmo: ni figuras ni compás. Y aparte de eso hay tres límites de fondo frente al pentagrama.
- No dice cómo se llaman las notas ni qué papel juegan en la tonalidad. Puedes tocar una pieza entera sin saber qué acordes hay debajo.
- No se puede pasar tal cual a otro instrumento ni a otra afinación. Las cifras solo valen para la afinación en la que se escribió.
- Cuesta entenderse con músicos de otros instrumentos, porque no usa los nombres de notas con los que se habla en un ensayo o en una partitura de grupo.
Cuando empiezas y tocas solo, esos tres límites no te afectan. Empiezan a pesar cuando improvisas, cuando quieres entender cómo se enlazan los acordes, cuando compones o cuando tocas con otros.
Hay otro problema con la tablatura sin ritmo: tocar una obra que no has oído nunca. Sin una grabación de referencia no sabes cuánto dura cada nota. El pentagrama sí lo dice, y sin ambigüedad.
El sistema doble
Muchos arreglos impresos llevan los dos sistemas: el pentagrama arriba y la tablatura abajo, con cada pulso y cada nota alineados en vertical.
Así tienes lo de los dos. El pentagrama pone las duraciones y las alturas, y la tablatura la digitación exacta. Quien solo lee uno de los dos sigue su línea sin problema, y el arreglo cumple con lo que piden las editoriales y los programas de notación.
Leer los dos a la vez tiene otro efecto: acabas asociando cada posición del mástil con su nota en el pentagrama sin sentarte a estudiar solfeo aparte.
Cuándo te hace falta la partitura
El pentagrama se vuelve necesario en situaciones muy concretas:
- Tocar en grupo o acompañar
- Tocar con otros y leer guías armónicas que hablan de notas y acordes, no de trastes.
- Estudiar clásica formalmente
- El repertorio de guitarra clásica y los estudios de conservatorio están editados en pentagrama.
- Adaptar música de otro instrumento
- Transcribir y adaptar obras escritas para teclado, cuerda frotada u otros instrumentos.
- Componer o arreglar para otros
- Escribir partes para músicos que no leen tablatura.
- Entender lo que tocas
- Analizar la armonía y entender las progresiones para improvisar sobre ellas.
Si no estás en ninguna de esas situaciones, con la tablatura te vale. Si la necesitas, puedes ir metiendo la lectura de partituras poco a poco sin dejar de tocar con tablatura.
Un orden para aprender los dos
Si quieres manejar los dos sistemas desde el principio, te proponemos este orden:
- Aprende los primeros temas con tablatura, hasta que la mano se coloque sola en el mástil.
- Pasa a partituras con sistema doble (pentagrama y tablatura juntos) y sigue leyendo sobre todo la tablatura.
- Estudia el ritmo del pentagrama: figuras, compases y silencios.
- Empieza a leer las alturas en el pentagrama con pasajes que ya te sabes de memoria. Así relacionas cada nota escrita con lo que ya tocas.
- Deja la lectura a primera vista de obras nuevas para el final, y solo si la necesitas.
La idea es que la mano vaya por delante de la teoría. Primero tocar, después el solfeo, y la carga de lectura crece al ritmo que crece la técnica.